A menudo me preguntan si todos estos nuevos avances en la FIV realmente marcan la diferencia o si son solo "complementos" que suenan bien en teoría. La respuesta honesta está en un punto intermedio, y ahí es donde suele estar la verdadera medicina.
Los resultados de la FIV hoy en día son sin duda mejores que hace 10 o 15 años. Las condiciones de laboratorio son más refinadas, los sistemas de cultivo de embriones son más inteligentes y nuestra comprensión del momento, la estimulación y la selección de embriones ha mejorado. Dicho esto, todavía hay un factor que supera a casi todo lo demás: la reserva de óvulos de la mujer y, aún más importante, la calidad genética de esos óvulos. Ninguna tecnología, por avanzada que sea, puede anular por completo la biología del envejecimiento de los ovocitos. Esto es algo que siempre intento explicar desde el principio, incluso si no es lo que las pacientes esperan oír.
En mujeres jóvenes, las tasas de éxito de la FIV se deben en gran medida a que la mayoría de los ovocitos son genéticamente competentes. A medida que la mujer envejece, especialmente después de los 30 años, la proporción de óvulos cromosómicamente normales disminuye considerablemente. Por ello, después de cierta edad, lamentablemente ningún tratamiento se acerca a las tasas de éxito de la FIV con óvulos de donante. Esta realidad no desaparece por mucho que avancen nuestras herramientas, y es importante tenerla presente al establecer expectativas.
Sin embargo, esto no significa que seamos impotentes. Existen varias estrategias que realmente pueden ayudarnos a maximizar las posibilidades de éxito al trabajar con nuestra biología, en lugar de luchar contra ella.
Una de estas estrategias es el almacenamiento de ovocitos o embriones. El concepto es bastante simple. En lugar de depender de un solo ciclo de estimulación y del número limitado de óvulos obtenidos en dicho ciclo, realizamos dos o, en ocasiones, tres ciclos de FIV consecutivos, congelando los óvulos o embriones de cada ciclo. Desde una perspectiva estadística, esto cobra mucho sentido. Si un ciclo produce, por ejemplo, cuatro o cinco ovocitos maduros, el almacenamiento en múltiples ciclos puede duplicar o incluso triplicar el número total de ovocitos o embriones disponibles. Dado que cada óvulo tiene una probabilidad independiente de ser genéticamente normal, aumentar el stock de óvulos mejora directamente la probabilidad de obtener al menos un embrión sano y transferible (Vaiarelli et al., 2020). No es magia, pero es la probabilidad la que juega a tu favor.
Otra área que ha recibido mucha atención son las aplicaciones del PRP ovárico y los exosomas. Estos enfoques buscan mejorar el microambiente ovárico y favorecer el reclutamiento de folículos primordiales. El objetivo no es crear nuevos óvulos, lo cual es biológicamente poco realista, sino ayudar al ovario a funcionar en un estado más favorable y menos inflamatorio. Al mejorar la señalización local, el flujo sanguíneo y la comunicación celular, podríamos mejorar la respuesta del ovario a la estimulación y, en algunos casos, la calidad de los ovocitos obtenidos (Sfakianoudis et al., 2019; Pantos et al., 2022). No funciona de la misma manera en todas las pacientes y los resultados varían, pero en pacientes seleccionadas puede ser una herramienta útil.
La transferencia citoplasmática es otra técnica que puede ser útil en situaciones muy específicas. En este caso, la idea es apoyar la maquinaria interna del ovocito. A medida que los óvulos envejecen, la función mitocondrial disminuye, lo que afecta la producción de energía, la dinámica de la fecundación y el desarrollo embrionario temprano. Al complementar el citoplasma del ovocito con componentes citoplasmáticos más sanos, buscamos mejorar la competencia ovocitaria y satisfacer las altas demandas energéticas de la fecundación y la división celular temprana (Dale et al., 2017). Si bien esta no es una solución universal, en casos cuidadosamente seleccionados puede inclinar ligeramente la balanza a nuestro favor.
Finalmente, ninguno de estos enfoques funciona sin tener en cuenta los fundamentos. Creo firmemente en la importancia del estilo de vida y la salud metabólica. Una dieta mediterránea, ejercicio regular de leve a moderado y una suplementación específica pueden contribuir a un menor estado inflamatorio y a un mejor equilibrio oxidativo. Nutrientes como los ácidos grasos omega-3, ciertos antioxidantes y niveles adecuados de vitaminas y minerales influyen en la función celular y la salud mitocondrial. Estos cambios no revertirán el envejecimiento, pero pueden ayudar a optimizar los parámetros que podemos influir (Gaskins et al., 2019; Silvestris et al., 2021).
¿Dónde nos deja esto? Las tecnologías modernas de FIV son absolutamente importantes y pueden mejorar los resultados si se utilizan con criterio y en el contexto adecuado. Pero funcionan mejor cuando las expectativas son realistas y se respeta la biología. En edades avanzadas, podemos introducir estrategias que mejoran las probabilidades y hacen que los ciclos sean más eficientes; sin embargo, aún existe un punto en el que los óvulos de donante ofrecen un nivel de éxito que ninguna otra opción puede igualar. La clave está en comprender dónde se encuentra cada persona en ese espectro y elegir el camino que mejor se adapte tanto a la ciencia como a sus objetivos personales.
Referencias
Dale, B., Elder, K. y Cohen, J. (2017) Transferencia citoplasmática en reproducción asistida: reevaluación de la evidencia. Reproductive Biomedicine Online, 34(1), 13–18.
Gaskins, AJ et al. (2019) Patrones dietéticos y resultados de la reproducción asistida. Reproducción Humana, 34(2), 294–302.
Pantos, K. et al. (2022) Rejuvenecimiento ovárico mediante plasma rico en plaquetas y productos biológicos relacionados. Revista de Reproducción Asistida y Genética, 39(4), 829–839.
Sfakianoudis, K. et al. (2019) El tratamiento con plasma rico en plaquetas autólogo facilita el embarazo en mujeres en edad reproductiva avanzada. Journal of Clinical Medicine, 8(1), 1–15.
Vaiarelli, A. et al. (2020) Estrategias de acumulación de ovocitos y embriones en pacientes con mal pronóstico. Current Opinion in Obstetrics and Gynecology, 32(3), 175–182.
Silvestris, E. et al. (2021) Nutrición y fertilidad femenina: estrés oxidativo e inflamación como mediadores comunes. Biología Reproductiva y Endocrinología, 19(1), 1–12.
